Cooking D.I.Y.
27 de abril de 2012

Ingredientes

(Para 3):
300 g de sangre de pollo
4 cebollas tiernas
1 diente de ajo
1 hoja de laurel
50 ml de vino blanco
Aceite de oliva
Sal

Sangre con cebolla

Entre los platos que recuerdo con más cariño de mi infancia, creo que la sangre con cebolla tiene un lugar especial. ¿Por qué? En primer lugar, porque era algo que, admitámoslo, consiguieron venderme muy bien (mi madre tiene alma de vendedor). Para un morcillófilo exiliado en México como yo, este era el sustituto más puro que podía conseguirse por allí. Vale que los sabores no tiene absolutamente nada que ver, pero cuando eres niño, todo es mucho más digerible, y yo era, y sigo siendo, bastante inocente, así que me creo casi cualquier cosa. Además, se comía de higos a brevas, así que es un plato que adquirió ese halo de misterio que solo tienen los chipirones en su tinta, las patatas con bacalao o la morcilla, sin ir más lejos. Como llevaba bastante tiempo sin comer esto, mi madre compró 300 g de sangre, yo me puse las pilas y aquí estamos.

1 – En una sartén con un chorro generoso de aceite (1/2 centímetro, aproximadamente), sofreímos el ajo laminado hasta que empiece a dorarse y, entonces, añadimos la hoja de laurel y la cebolla picada y la dejamos hacerse a fuego medio durante 20 minutos. Removemos de vez en cuando. La idea es que se transparente pero no que coja color.

2 – Añadimos la sangre, cortada en cubos, subimos el calor a medio-alto y removemos de vez en cuando. Como hay que evitar que la cebolla se dore, podéis bajar el fuego si queréis. Cuando hayan pasado otros 20 minutos, corregimos de sal, añadimos el vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol.

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