Cooking D.I.Y.
09 de junio de 2014

Ingredientes

(Para 4):

— 1 remolacha cocida

— 1 kg de tomates

— 60 g de pan

— 1 diente de ajo

— 150 ml de aceite de oliva virgen extra (aproximadamente, depende del gusto de cada uno)

— 50 ml de vinagre (aproximadamente, depende del gusto de cada uno)

— Sal

 

Salmorejo de remolacha

Sábados tirados.

De resaca, porque la noche anterior estuvimos hasta altas horas de la madrugada celebrando algo, aunque todavía no tengo muy claro el qué. Puede que fuera la vida, los veinticinco, la amistad o, simple y llanamente, el haber dejado atrás una semana de trabajo intenso. Otra más. El caso es que llega la mañana y la cabeza no me duele tanto como cabría esperar. De repente, María me avisa para ir de vermuts y yo tengo que cumplir la promesa que le hice unas horas antes, cuando Joaquim Costa nos veía bajar los vaqueros de Kevin para que enseñara su tatuaje. Empezamos a picar en un bar cualquiera y terminamos en La bodega d’en Rafel comiendo como auténticos cabrones: manos de cerdo, bravas, pimientos de Padrón, queso, empanadillas, alcachofas, pan con tomate y un par de morcillas. Alargamos con un helado en Gelaaati! di Marco y un paseo por el Born. De vuelta a casa, me apetece ver una película y María tiene ganas de pizza, así que nos ponemos manos a la obra y cerramos un día memorable muriéndonos de risa con lo último de Wes Anderson. Vida dulce y, aparentemente, despreocupada. Digo aparentemente porque los muy hijos de puta de arriba no dejan de subirnos los impuestos y apretarnos los tornillos. Cada vez pagamos más, pasamos más penurias y vemos menos a cambio. Suerte que no pueden quitarnos estos sábados. Al menos, de momento.

1 – Si no estamos muy perezosos, hacemos un corte en forma de cruz en la punta de los tomates y les retiramos un pedúnculo para, a continuación, escaldarlos en agua hirviendo hasta que la piel se les empiece a quitar. Los sacamos a un bol con agua fría, los pelamos, los cortamos por la mitad y les retiramos las semillas. En caso de que sea un día especialmente flojo, simplemente los cortamos.

2 – Metemos los tomates en el vaso de la batidora junto con el ajo —cortado por la mitad y sin el germen—, el pan —remojado en agua y escurrido—, la remolacha y un golpe de sal. Trituramos hasta obtener una mezcla homogénea y añadimos el aceite y el vinagre. Volvemos a triturar, probamos y, en caso necesario, ajustamos alguno de los puntos, ya sea salado, de aceite o de vinagre.

3 – Metemos el salmorejo en la nevera y lo dejamos enfriar un mínimo de una hora antes de servirlo.

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