Cooking D.I.Y.
24 de abril de 2013

Ingredientes

(Para 6):

— 3 tomates grandecitos

— 1 kg de fresas

— 2 dientes de ajo

— 50 ml de vinagre de manzana

— Sal

— 200 ml de aceite de oliva virgen extra

 

Para acompañar:

— 300 g de mojama (opcional)

 

Salmorejo de fresas

El domingo, me levanté a las 10 con algo de dolor de cabeza y bastante sueño. La noche anterior, me había ido a dormir a eso de las 6 y pico de la mañana —los jóvenes hacemos auténticas locuras, sí—, pero prometo por todo lo sagrado que no me encontraba en un estado lamentable, solo iba alegre y se debe al hecho de compartir horas y risas con buenos amigos. A eso y a un par de cervezas, claro. El caso es que la tarde previa a dicha mañana había dejado preparado este salmorejo porque el domingo tenía que acudir a una comida y no me gusta ir con las manos vacías a ningún sitio. Al probarlo el sábado, estaba bueno. Al hacerlo el domingo, me sabía a rayos. ¿Qué leches hago ahora? Crisis. Crisis. CRISIS. Poco después, ya en materia, me temblaban las manos al llevar la cuchara del cuenco a mi boca, pero respiré tranquilo al comprobar que lo de antes no había sido más que un momento de locura transitoria. Final feliz.

Se podría decir que el domingo fue un día cojonudo. Mucho.

P. D. Mamá, hace un par de semanas, vino Paula, una chica la mar de maja que trabaja para monapart, a hacernos una entrevista en el estudio. Tu hijo parece medio tonto, pero qué se le va a hacer, yo sé que tú lo quieres igual.

P. D. 2 Temo la hora en la que las hordas vegetarianas del mundo se tiren sobre mi cuello por etiquetar esta receta como tal. Por ello, la mojama es opcional, nada más que una sugerencia de acompañamiento.

1 – Lavamos bien las fresas y los tomates, retiramos los pedúnculos y los cortamos en trozos pequeños. Aparte, pelamos los ajos, los cortamos por la mitad y les retiramos el germen. Lo introducimos todo en el vaso de la batidora junto con el aceite de oliva virgen extra, el vinagre y una pizca de sal. Trituramos bien.

2 – Hay gente a la que le gusta colar el salmorejo, pero yo soy de los que no lo hacen si ha quedado lo suficientemente fino. Eso sí, es importante probarlo y ajustar los toques de sal, aceite y vinagre. Una vez listo, lo pasamos a un recipiente, tapamos con film transparente y lo metemos en la nevera durante un mínimo de 3 horas.

3 – Cortamos la mojama en lonchas de un par de milímetros de grosor y reservamos.

4 – Servimos el salmorejo en un cuenco, echamos unas gotitas de aceite de oliva virgen extra y, por último, colocamos dos lonchas de mojama por comensal.

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