Cooking D.I.Y.
18 de diciembre de 2013

Ingredientes

(Para 4):

— 450 g de arroz carnaroli

— 1.2 l de caldo de jamón 

— 280 g de habitas en aceite de oliva (y su aceite)

— 3 dientes de ajo

— 100 g de jamón

— 80 g de queso manchego curado y rallado

— 100 ml de vino blanco

— 1 cebolla

 

Risotto de jamón y habas

Quería hablar de Ladri di biciclette y de Bienvenido, Mr. Marshall, de parmesanos y de manchegos, de Eco y de Loriga, de risottos y de paellas. Es más, hasta me habría animado a hablar de Berlusconi y de Rajoy o, lo que es infinitamente más atrevido, de prosciuttos y jamones. En este momento, a pocas horas de coger un tren hacia Sevilla, solo se me ocurre intentar adivinar el contorno de mi dedo meñique, —ahora menos— hinchado tras golpeármelo con la tabla de hacer las fotos. Miro el reloj y cuento cuánto sueño tengo disponible hasta que el despertador suene a las siete y cuarto. Cuatro horas, sesenta minutos o, lo que suena increíblemente mejor, 14 400 segundos. ¿Vuelvo a la cama? Ni de coña. La almohada se calienta hasta resultar molesta, por lo que le doy la vuelta. Me agarro a ella, cierro los ojos y, después de un rato, tengo que girarla de nuevo porque se ha calentado otra vez. Ahora, sentado en el sofá, se me vienen miles de cosas a la cabeza, como que llevo siglos sin escuchar a Belle & Sebastian, que me da vergüenza admitir que no he leído con regularidad desde hace cosa de un mes y que a todo el inglés que aprendí en la —famosa— Erasmus le falta un suspiro para soltarme un simple «Adieu» y darme un portazo. «¿Pero tú no habías dejado atrás eso del insomnio?», me pregunto. «Muchos bollos todavía», decía un ilustre señor, «te faltan por comer». Pienso en la lista de la compra del 30 de diciembre, cuando regrese a Barcelona. Pienso en poner una lavadora con sábanas y toallas para esas fechas. Pienso en qué pegamentos funcionan y cuáles son una estafa solo para llegar a la conclusión de que no tengo ni idea del tema. Pienso en la extraña relación entre Facebook y los cumpleaños. Pienso en cualquier cosa con tal de no volver a la cama y estar en la oscuridad con los ojos abiertos y de mala hostia porque la almohada se ha vuelto a calentar. Mierda.

1 – Escurrimos las habitas y confitamos en el aceite los ajos pelados hasta que estén blandos. Es importante que el aceite no burbujee ni eche humo, pues no los queremos fritos.

2 – Colocamos entre dos hojas de papel vegetal una lámina de jamón por comensal y picamos a cuchillo y reservamos el resto. Horneamos a 210 ºC durante 5 minutos o hasta que el jamón esté crujiente.

3 – Calentamos una sartén amplia a fuego medio-fuerte, echamos 2 cucharadas del aceite de las habas en el que hemos confitado los ajos y rehogamos bien la cebolla picada hasta que esté transparente. En ese momento, añadimos el arroz y lo rehogamos hasta que haya adquirido un color anacarado. Mojamos con el vino y, una vez el arroz lo haya absorbido, agregamos un cucharón del caldo de jamón caliente y removemos sin parar con el utensilio de cocina que más a mano tengamos. Cuando el arroz lo haya chupado, repetimos la operación. Repetimos esta operación y seguimos así durante 17 minutos, majetes, o hasta que el grano esté al dente.

4 – Entre cucharón de caldo a la sartén y movimiento de utensilio, machacamos los ajos confitados en el mortero, añadimos el aceite en un hilo sin dejar de remover y, por último, el queso rallado. Enhorabuena, NO hemos hecho un pesto, pero algo sí que se le parece.

5 – Apagamos el fuego, volcamos el no-pesto encima del arroz y removemos hasta que esté integrado. En este momento, añadimos las habitas y el jamón picado, removemos de nuevo y servimos inmediatamente con una lámina de jamón crujiente por encima.

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