Cooking D.I.Y.
06 de diciembre de 2011

Ingredientes

(Para 6):
100 ml de leche
500 ml de nata (35% de materia grasa)
4 láminas de gelatina
4 tiras de piel de naranja (también vale de limón)
1 cucharada pequeña de esencia de vainilla (o una vaina de vainilla)
5 cucharadas soperas de azúcar moreno

Para la salsa de chocolate:
1/2 tableta de chocolate negro
2 cucharadas soperas de leche
2 cucharadas pequeñas de mantequilla

Panna cotta

Hace siglos que quería probar este postre. La verdad, me daba un poco de miedo prepararlo, ya que es la segunda vez que lo hago y, por extensión, la segunda que lo pruebo (no preguntéis por la primera vez; si la mencionáis, negaré el haberos hablado de ella y negaré que esta conversación haya tenido lugar, que sepa quiénes sois o que haya hecho panna cotta con anterioridad). Siendo sinceros, no ha salido del todo como yo quería, pero no por el sabor (que ha superado mis expectativas), sino por la textura, que era más parecida a la de la mousse que a una gelatina, que es a lo que tengo entendido que debe parecerse la textura de la panna cotta. En cuanto al acompañamiento, es una salsa de mermelada de frutos rojos rebajada con un poco de agua, para que no sea tan extremadamente dulce, pero también podéis hacerle una salsa de chocolate, como explicaré más abajo.

Antes de continuar, me gustaría aclarar por aquí que esta receta está dedicada a la paciencia infinita de Paula, que quería que hiciera este postre y, encima, ahora que lo preparo, no se lo dedico. Ele yo.

1 – En una cacerola, calentamos la leche junto con la mitad de la nata, 3 cucharadas soperas de azúcar, la vainilla y la piel de naranja. Dejamos que esté al calor (medio-bajo, intentando evitar que se suba la leche) unos 10 o 15 minutos para que infusione bien y, después, dejamos que se temple un poco para añadirle la gelatina. Es importante NO añadir la gelatina directamente, sino hidratarla en agua FRÍA durante unos cuantos minutos (5 bastarán). Como decía, añadimos la gelatina y la integramos bien con unas varillas. No os olvidéis de sacar la piel de naranja, para que no se quede cuajada.

2 – Montamos el resto de la nata y, cuando ya tenga una textura más solida, le añadimos el resto del azúcar y seguimos batiendo, para evitar que se baje. Ahora, solo queda ir añadiendo poco a poco la nata infusionada sin dejar de remover con movimientos envolventes (de abajo arriba, para que no se pierda nada de aire). Cuando las dos natas se hayan mezclado bien, lo servimos en pequeños cuencos o vasitos y los tapamos con film transparente. Irán directamente a la nevera, en la que estarán un mínimo de 2 horas.

3 – Para desmoldar (si no queréis comerlo directamente en el vaso), podéis separar la panna cotta de las paredes con ayuda de un cuchillo. Después, la ponéis (boca arriba, obviamente, le tiene que dar calor en el la parte de abajo del cuenco) en una cacerola con agua templada-caliente (no demasiado porque se derrite) durante unos 30 segundos y lo volcáis en un plato.

4 – Para la salsa de chocolate, basta con calentar la leche y la mantequilla en una cacerola. Se le añade el chocolate y se remueve sin parar hasta que se haya derretido bien. Hala, ya tenéis salsa.

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