Cooking D.I.Y.
16 de diciembre de 2013

Ingredientes

(Para 1):

— 2 rebanadas de pan (casero, a ser posible)

— 1 taza de leche

— 2 cucharadas pequeñas de cacao en polvo

— 1 cucharada pequeña de miel

— Sal

— Aceite de oliva virgen extra

 

Pan con aceite y sal

No recuerdo exactamente qué tecla tocaba mi madre para que una cosa tan sencilla me hiciera tanta ilusión, pero lo conseguía, la tía. ¿Serían los kilómetros que separaban España de México? ¿Mi ingenuidad? ¿La sencillez del plato? Fuera la causa que fuera, no solo me gustaba, me APASIONABA. La noche que cenábamos pan con aceite y sal, tan humilde y básico todo ello, eran mágicas, diferentes y especiales. Casi me atrevería a decir que lo eran más que las noche de las pizzas. ¿Por qué? Con el paso de los años, he ido descartando poco a poco varias teorías hasta llegar a la que creo que es más acertada: ambos nos moríamos por tener una conexión con España, por débil que fuera, y no había ninguna mejor allí que esta. Poco importa que el aceite fuera italiano y el pan no tuviera nada que ver con el que aquí se hace, a nosotros nos transportaba automáticamente a Sevilla, nos hacía captar sabores y olores de gambas al ajillo y morcilla a la plancha en el ambiente, nos sentaba frente a una mesa de chocolate con churros y a mí, particularmente, me ayudaba a irme a la dormir con una sonrisa de oreja a oreja. Poco importaba que al día siguiente mi padre tuviera la intención de hacerme comer, de nuevo, aguacate, que me daba un asco impresionante. Poco importaba que la noche siguiente fuera a cenar huevos revueltos, cosa que detestaba. Era mi momento y nadie me lo iba a arrebatar. Solo podía compartirlo con mi madre, porque solo ella podía valorar lo que significaba.

1 – Abrimos los ojos y enchufamos el calefactor para que el cuarto se vaya caldeando. Nos ponemos las zapatillas, salimos de la habitación y nos dirigimos a la cocina.

2 – Llenamos una taza con leche y la ponemos a calentar en el microondas. Mientras tanto, pelamos y nos comemos una naranja.

3 – Tostamos mínimamente el pan. Hay que prestar especial atención al punto de crujiente del pan, ya que queremos que mantenga la esponjosidad suficiente para poder absorber el aceite.

4 – Echamos un par de cucharadas de cacao en polvo a la leche y removemos bien. Añadimos una cucharada de miel.

5 – Echamos un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra en un plato y espolvoreamos un poco de sal por encima. 

6 – Arrancamos trozos de pan y los mojamos en el aceite. Alternamos esta acción con sorbos a la leche con cacao y miel. Si se acaba el aceite del plato, se puede añadir más.

7 – Nos duchamos. Nos secamos y, al volver al cuarto, ponemos la ropa en la estufa para que no esté increíblemente fría.

8 – Nos vestimos, nos abrigamos bien y salimos a la calle.

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