Cooking D.I.Y.

Midye Dolma

El día que estuve en Estambul con mis amigos de clase, estuve hablando un buen rato con Ester, una amiga de la carrera. No dejábamos de comentar lo mucho que nos había gustado la ciudad y la pena que nos daba no tener más tiempo para pateárnosla y conocerla mejor. En una de esas, me soltó una cosa que me llamó muchísimo la atención. “¿Has visto esos puestos callejeros de mejillones?”, preguntó. “Sí, ¿por?”, le respondí. “Eso es lo que comen los chavales turcos de nuestra edad cuando vuelven de fiesta a las tantas.”. Cayó sobre mí como un jarro de agua fría. Resulta que la noche anterior, Ester y Vicky estuvieron con una amiga estambuleña (as odd as it may sound, es el gentilicio que medio reconoce la Fundéu) de esta última en un local de música en el que se lo pasaron genial. Allí, les contaron muchas cosas, entre ellas la de los mejillones, que son bastante populares.

Al día siguiente, tocaba visitar Smyrna. Todos mis amigos se fueron a Éfeso, pero yo quise rebelarme y me quedé dando vueltas por una ciudad que, según contaban, no tenía gran cosa. Como soy un poco cabezón, me propuse sacarle el encanto como fuera y, sin duda, así fue. Llegué de casualidad a una calle en la que encontré un puesto en el que vendían los midye dolmasi (los mejillones postfiesta) e inmediatamente tiré de cartera para comprobar su sabor. Creo que hubo un pequeño malentendido entre el señor que los vendía y yo, porque ni él hablaba inglés ni yo turco. No sé qué tipo de arreglo de negocios hicimos, pero él me dio cuatro mejillones y yo no pagué nada por ellos. Cada vez que intenté pagarle, se limitó a negar con la cabeza y a sonreír. Al final, le di las gracias como pude, me fui a un banco y probé los mejillones.

¿Conclusión? Bastante buenos, la verdad. Picaban un poco y resultaba la mar de curioso el hecho de que estuvieran rellenos de arroz. Por lo que he estado leyendo, tendría que haberlos probado con unas cuantas gotas de limón, pero no fue así.

Según he estado leyendo en internet, la cosa va así: se abre el molusco, se vacía el interior del mejillón dejando solo la capa más superficial y se rellena con arroz de grano largo, piñones y pasas, entre otras cosas. Posteriormente, se vuelve a cerrar la concha y se cuece en agua durante un rato. Lo siento por no poder ser más preciso, pero prometo animarme a hacer este plato, ya que realmente me maravilló.

Así que ya lo sabéis, si alguna vez vais a Estambul y volvéis de fiesta (o no), no podéis dejar de probar esta delicia. Eso sí, tened cuidado. Entre todas las cosas que he leído, había una que me dejó bastante inquieto y es que no se recomienda comerlos en puestos de la calle, es mucho mejor hacerlo en un restaurante. Supongo que tiene sentido, ya que el marisco es un producto bastante delicado y cualquier precaución es poca.

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