Cooking D.I.Y.
26 de febrero de 2014

Ingredientes

(Para 4):

— 2 manos de cerdo, cocinadas y cortadas por la mitad (las venden en mercados y algunas tiendas)

— 4 puñados generosos de rúcula bien amarga y picantona

— 2 tomates de colgar

— 2 cucharadas grandes de salsa de soja

— 1 cucharada pequeña de mostaza de Dijon

— 1 cucharada pequeña de miel

— Sal y pimienta

— Aceite de oliva virgen extra

 

Incluye

Carnes, Segundos,

Música

Como el agua - Camarón con Paco de Lucía y Tomatito


Las manos de Mariano

Supongo que no serán más feas que la mano más fea ni más bonitas que la mano más bonita; normales, sin más; dentro de la medida estándar; algo arrugadas, producto de sus 58 añazos; estables y firmes, como le gusta recordar cada vez que otra mano, menos presidencial, empuña un micrófono delante de él a la espera de que suelte una de sus combinaciones favoritas de palabras —«No me temblará el pulso…»—. Son manos inquietas, pues Mariano no deja de hacer ademanes con ellas cada vez que proporciona cifras, expone argumentos o explica triunfalmente por qué España no recibe un rescate sino una línea de crédito antes de irse de (euro)copas. Son manos curtidas, ya que debe de haberlas usado para registrar infinidad de propiedades, además de todas las que le quedan en su retiro dorado. Son las manos que sostienen el bolígrafo con el que señala casi acusadoramente a alguien en la sala antes de soltar un sequísimo «¡Adelante!» y cambiar el semblante a otro más adecuado para morder, saborear, masticar, tragar, digerir y, si le da por ahí, responder la pregunta que le acaban de disparar. Son las manos que utiliza para rascarse la barba, ajustarse las gafas, leer el periódico, llevarse comida a la boca, encenderse un puro o mostrar su entusiasmo por haber salido de la crisis (!). Son las manos, al fin y al cabo, de una persona, de él, de Mariano. El título de presidente es algo pasajero, aunque no estaría de más que, de vez en cuando, las mirara con detenimiento y recordara que en ellas se encuentra, para bien o —lo que parece muchísimo más probable— para mal, nuestro futuro más inmediato.

P. D. No me gustaría cerrar esto sin recordar las manos, ahora prodigiosas, de Paco de Lucía.

P. D.2 Sí, el pan de la foto de los ingredientes es COMPLETAMENTE diferente que el de la foto del resultado final. Cosas del directo.

Bocadillo de manitas de cerdo

1 – Calentamos una sartén o una plancha a fuego medio. Mientras tanto, retiramos tantos huesos de las manitas como el colágeno solidificado y frío nos permita. Cuando la plancha haya tomado temperatura, ponemos las malitas con el lado de la piel hacia abajo, es decir, en contacto directo con el calor. Las dejamos hacerse poco a poco hasta que se hayan tostado —que no quemado—.

2 – Mientras las manitas cogen color, cortamos y tostamos el pan de los bocadillos.

3 – Mientras —inception— el pan se va tostando, cortamos los tomates por la mitad y, aparte, mezclamos la soja con la mostaza y la miel.

4 – Untamos bien el pan con los tomates.

5 – Sacamos las manitas de la plancha, retiramos el resto de los huesos con cuidado de no quemarnos y las cortamos en trozos de tamaño comestible. Aparte, aliñamos la rúcula con la mezcla de salsas, además de un poco de sal, pimienta negra recién molida y aceite de oliva virgen extra. Por último, montamos el bocadillo: base de pan, cama de rúcula, trozos de manitas de cerdo y, por último, más pan. Acompañamos de pepinillos, piparras, alcaparrones, aceitunas o cualquier cerdada que se nos ocurra.

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