Cooking D.I.Y.
06 de mayo de 2013

Ingredientes

(Para 2. O para mí):

— 4 huevos

— 20 espárragos verdes frescos

— 1 lata de pimientos del piquillo (6)

— 1 cebolla mediana

— 2 dientes de ajo

— Sal y pimienta

— Aceite de oliva virgen extra

 

Huevos estrellados

Miro el panorama con respeto. El medio dedo de aceite burbujeante parece reírse de mí desde la sartén. Un par de dientes de ajo chisporrotean y van soltando su sabor en él a medida que su color cambia de blanco roto a marrón pálido. Pimientos, espárragos y cebolla están listos. Ya he abierto —y salado— un huevo y espera pacientemente en la taza a que le llegue la hora de meterse en materia. El otro, en la encimera, sigue intacto. Al entrar en contacto con el aceite, la clara deja de ser transparente. Mi profesor de Biología de bachillerato habría dicho que la estructura de las proteínas que la conforman pasa de ser cuaternaria —si no recuerdo mal— a ser primaria —ídem—. Casco el otro huevo en la taza, lo salo ligeramente y también lo añado a la sartén. Al principio, voy con miedo, pero al ver que el asunto toma forma y, sobre todo, que no he muerto en el intento, me vengo arriba. De repente, me pregunto por qué leches no se forman puntillas marrones alrededor del huevo. ¿Aceite demasiado bajo? Sí, será eso. Retiro los huevos de la sartén a un plato, subo el calor y espero a que la temperatura del aceite aumente. Vuelco, de nuevo, dos huevos y me encomiendo a Leonard Cohen y a Obi-Wan. Esta vez, el resultado es diferente, ya que las puntas se doran y la yema queda razonablemente líquida. Sin embargo, necesito más calor para que se cocinen en menos tiempo y al interior dorado no se le ocurra cuajarse. A la mierda, ya lo haré otro día.

P. D. Mamá, al final, me comí los cuatro huevos porque me daba pena dejar los dos patitos feos en la nevera con film transparente por encima. ¿Qué le vamos a hacer?

1 – Llenamos el fondo de una sartén de aceite —unos 3 mm de altura— y lo calentamos a fuego medio. Añadimos dos dientes de ajo golpeados.

2 – Abrimos la lata de pimientos del piquillo, reservamos su jugo y los colocamos en la sartén con el aceite con las puntas hacia dentro. Dejamos que se confiten con un burbujeo suave durante 15 minutos por cada lado.

3 – En otra sartén, echamos un par de cucharadas de confitar los pimientos y sofreímos en ella la cebolla picada en tiras y salpimentada hasta que su color pase a marrón. Reservamos.

4 – Retiramos los pimientos, añadimos más aceite hasta completar medio dedo, subimos el fuego a fuerte dejamos que tome temperatura.

5 – Doblamos los espárragos con las manos por la punta inferior hasta que el tallo se rompa, los hacemos a la plancha —salpimentados, claro— en la misma sartén que la cebolla durante unos tres minutos y la apartamos del calor. Añadimos a esta sartén los pimientos y la cebolla para evitar que se enfríen.

6 – Si el aceite ya está listo, cascamos un huevo en una taza, salamos ligeramente y lo volcamos en el aceite. Repetimos la operación con el otro huevo y los dejamos hacerse hasta que las puntas estén marrones y crujientes. Servimos inmediatamente, los cortamos con un cuchillo para liberar la yema y aliñamos con un poco del jugo de los pimientos que habíamos reservado al principio. El resultado justifica tantos pasos.

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