Cooking D.I.Y.
07 de diciembre de 2012

Ingredientes

(Para 3):

— 500 g de pecho de cordero

— 400 g de calabaza

— 1 pimiento rojo

— 2 cebollas medianas

— 3 dientes de ajo

— 1 cucharada grande de curry

— 1 cucharada pequeña de jengibre fresco picado

— 4 cucharadas grandes de perejil fresco picado

— Aceite de oliva virgen extra

 

Incluye

Carnes, Cooking abroad, Guisos, Segundos, Verduras,

Música

Agoraphobia - Deerhunter


Curry de cordero

Pasen y vean. Todo un mundo exótico de sensaciones al alcance de la mano. Lo único que hay que hacer es comprar el divino polvo amarillo que venden en envoltorios transparentes. La primera fase de esta singular experiencia comienza con la aspiración de los aromas que desprende esta combinación. Las terminaciones nerviosas de sus pituitarias se activan e, inmediatamente después, la memoria olfativa hace su trabajo. Si han tenido la suerte, como yo, de visitar —por ejemplo— Estambul, indudablemente se verán transportados a cualquiera de sus mercados y escucharán esa música tan estrambótica y chillona que tanto gusta por allí. Es más, posiblemente, se encontrarán paladeando en su imaginación algún manjar que degustaron y que guardaron como un recuerdo gastronómico especialmente placentero. A mí me sucedió con el ayran.

La segunda parte del experimento está relacionada con el sentido del tacto. Dense el placer de rozar sus yemas contra la grasa del cordero y miren embelesados cómo resbalan sus dedos índice y pulgar al frotarlos el uno contra el otro. Alucinen en colores —nunca mejor dicho— al cortar cebollas, ajos, calabaza, pimientos y perejil. Recréense con las diferentes texturas de cada uno de los ingredientes que conforman este plato. Todo es gustoso, desde pelar un ajo hasta deshacer una pastilla de caldo y notar cómo pasa de ser un bloque a pequeñas migajas.

El tercer sentido es, por supuesto, el sonido. Escuchen el chisporroteo del cordero al bailar en la olla arrimada al calor. Sonrían al compás del crujir del pimiento y la cebolla. Imagínense flotando en ese jacuzzi de caldo que hace blup, blup, blup.

Por último, llegamos al sentido de la vista. ¿Qué me dicen de la variedad cromática de la preparación? Verdes, marrones, amarillos, blancos, naranjas y mil tonos intermedios se agolpan y pelean por ser el color más destacado de esta mezcla tan variopinta. Además, los ingredientes se amontonan hasta formar una pirámide que sobresale por encima del reducido caldo que conforma este guiso. Del sentido del gusto no hablo, prefiero que sean ustedes quienes juzguen. Eso sí, les recomiendo añadirle una cucharadita de yogur al plato de cada uno de los comensales, ya que la acidez compensa el dulzor natural de la receta y le proporciona un punto muy interesante.

1 – Calentamos bien una olla a fuego medio, añadimos una cucharada sopera de aceite de oliva virgen extra y doramos en ella los trozos de pecho de cordero por todas partes. Esto nos llevará unos 15 minutos.

2 – Mientras tanto, picamos las verduras en trozos grandes —de alrededor de 1.5 cm— y la reservamos. Además, picamos finamente el ajo y el jengibre.

3 – Retiramos el cordero y casi toda la grasa soltada menos unas dos cucharadas grandes. Devolvemos la olla al fuego, añadimos las verduras, salpimentamos y sofreímos durante 10-15 minutos sin dejar que tomen color.

4 – Devolvemos el cordero a la olla, subimos el fuego al máximo y mojamos con agua sin dejar que cubra las verduras y la carne. Agregamos el curry y, cuando rompa a hervir, bajamos el fuego para que la cocción sea pausada. Así, en torno a 40 minutos.

5 – Afilamos el cuchillo y picamos muy finamente el perejil. Añadimos una parte al guiso, le damos dos meneos y ya podemos servirlo con el resto del perejil por encima. Si queremos —sí, soy repetitivo—, podemos añadir una cucharada sopera de yogur por comensal a la hora de emplatar.

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