Cooking D.I.Y.

Clotxes

Salgo del estudio a las nueve. Ducha rápida, lavado de dientes, peinado y vestido. «Juanma, ¿te vienes?». «Va, voy.». Cogemos el taxi de milagro, cuando el semáforo se pone en verde. «¿Acepta tarjeta de crédito?» —claro, el que nunca lleva efectivo—. «Sí.». De camino a Sagrada Família, vamos comentando cosas del trabajo: hoy ha sido un día tranquilo para él, incluso ha salido antes de tiempo; yo, en cambio, he estado bastante ocupado buscando información para un presupuesto, mirando maderas y ayudando a ordenar todo lo que habíamos encontrado. Llegamos a Celler Mariol (c/ Roselló, 442, Barcelona), hago el par de fotos de rigor y nos sentamos. Pedimos una botella de Chardonnay, un par de clotxes (significa «conchas» y son bocadillos; en nuestro caso, de roastbeef y horseradish, y arenques), alcachofas a la brasa, coca de recapte, pinchos de aceitunas, pan con tomate y aceite, queso, anchoas y boquerones en vinagre. Obélix estaría orgulloso, sí.

Mònica come mientras cuenta que hoy ha tenido un día de mierda. Carlota habla del gimnasio y lo importante que es ingerir proteínas o verduras y no hidratos después de hacer ejercicio. Olga está pendiente de Pepe, su perro, al que lleva en un bolso especial. Juanma mira, se ríe y traga. Yo también, no lo voy a negar. La comida está de vicio. El vino ni te cuento. Mònica y yo estamos también con lo de la cena del próximo sábado en su casa. Quiero hacer el cadáver —pero esta es otra historia— y no sé si me dará tiempo. En cualquier caso, la intención está ahí.

(Clotxa va, clotxa viene)

Después de masticar y tragar, reposamos la jugada durante un rato. Al poco, pedimos la cuenta (unos ochenta euros entre cinco), pagamos y nos vamos. Caminamos hasta la iglesia, donde Olga se hace una foto con Pepe, Juanma y yo nos despedimos y cogemos el metro. La pena fue que solo quedaran dos clotxes porque merecían que nos zampáramos una —o dos o tres o cuatro, tralará— cada uno, ¡estaban de muerte! La moraleja de esta historia es muy simple y, por suerte, feliz: siempre nos quedará volver a por otra. Chimpún.

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