Cooking D.I.Y.
30 de noviembre de 2012

Ingredientes

— 1 yogur

— 1 medida del vaso de yogur de aceite de oliva (virgen extra o no va a gusto de cada uno)

— 2 medidas de azúcar

— 3 medidas de harina

— 3 huevos

— 1 sobre de levadura química Royal

— 2 bolsitas de té

— Piel de naranja y limón ralladas

 

Bizcocho de vasitos de yogur y té

El pulso firme, los pies bien plantados en el suelo y una mirada guerrera en los ojos. Por dentro, sin embargo, soy un mar de gelatina. ¿Será esa la razón por la cual se me cae la bandeja con el molde lleno de masa y una parte de esta se derrama por el suelo del horno caliente? Mis insultos y maldiciones harían palidecer a los del mismísimo capitán Haddock. Todo esto, claro, mientras apago el horno, me quemo las manos recogiendo la masa —que a estas alturas se ha carbonizado— e intento recomponerme del primer asalto. On your feet, soldier. Pasado un rato, ya con el electrodoméstico limpio y niquelado, vuelvo a meterle llama al asunto y espero pacientemente a que la temperatura sea la óptima. Se comenta por ahí que el paraíso de una masa de bizcocho ronda los 180º C. Precisión de relojero suizo y tembleque de adolescente imberbe ante la chica de sus sueños. No en vano, esta es la segunda o tercera jornada de ascensión de mi Everest particular, los postres. Por suerte, tengo buena música para acompañarme y los ánimos, a pesar de tocados, todavía no están hundidos. «Eso te pasa por listo», me digo, «como el día en el que hiciste un precioso filete con la punta de tu pulgar por ir demasiado rápido». Lo mejor de todo es que no me arrepiento de mi precipitación inicial. Todo lo contrario, lo prefiero, ya que me ha servido para aprender tanto como aquella quiche de hace mes y pico que tanto me gustó. El palo y la zanahoria. Por suerte, hoy el éxito está asegurado, porque me guían dos monstruos —nunca mejor dicho—, el de las galletas y el rascador de los culos de las cazuelas con nombre de malandrín medieval británico. A sus órdenes, mis capitanes.

1 – En un bol, mezclamos los huevos con el azúcar y el aceite de oliva. A continuación, añadimos el yogur, una pizca de sal, el azúcar, el contenido de las bolsitas de té, las ralladuras de cítricos, la levadura química y la harina tamizada. Batimos enérgicamente con unas varillas hasta obtener una mezcla homogénea.

3 – Untamos un molde con mantequilla y espolvoreamos un poco de harina. De esta manera, facilitaremos más tarde la tarea de desmoldar el bizcocho. Vertemos la mezcla en él y la dejamos reposar un mínimo de una hora.

4 – 20 minutos antes de que se cumpla la hora, precalentamos el horno a 190º C y colocamos la bandeja en la segunda posición del mismo empezando a contar por debajo.

5 – Horneamos durante 35 minutos. Pasados los primeros 20 minutos, es posible que tengáis que poner un poco de papel aluminio por encima para que no se queme. Eso sí, es importantísimo que no abráis el horno antes de ese tiempo, ya que el cambio de temperatura perjudica a la masa.

6 – Cumplido el tiempo, pinchamos el bizcocho con un cuchillo. Si este sale limpio, apagamos el horno, entreabrimos la puerta y lo dejamos reposar dentro un cuarto de hora. Después, lo sacamos e intentamos no comérnoslo ahí mismo.

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